El Girona sufrió un mazazo en casa con la visita del Mallorca. Un solitario gol de Samú Costa dio tres puntos de oro a los baleares para escaparse de la zona roja y emparejarse en la clasificación con los catalanes. El único despiste de los locales en defensa permitió ofrecer una alegría enorme a los visitantes, que festejaron el triunfo como si hubiesen ganado una auténtica final. Y no es para menos por el hecho de que el panorama clasificatorio de esta manera lo exige.









