El Girona sufrió un mazazo en casa con la visita del Mallorca. Un solitario gol de Samú Costa dio tres puntos de oro a los baleares para escaparse de la zona roja y emparejarse en la clasificación con los catalanes. El único despiste de los locales en defensa permitió ofrecer una alegría enorme a los visitantes, que festejaron el triunfo como si hubiesen ganado una auténtica final. Y no es para menos por el hecho de que el panorama clasificatorio de esta manera lo exige.
Montilivi, lleno hasta la bandera, acogió una cita de emergencias , tensión, imprecisiones y sentimientos de todos y cada uno de los colores. El primer tiempo dejó instantes para los dos cuadros, dejando acciones que se incluyeron en los instantes relevantes desde los primeros instantes.
Mientras que Tsygankov y Joel Roca encontraron la manera de desequilibrar al muro mallorquín, Blind se la jugó con Pablo Torre en una acción en la que se solicitó penalti a favor de los visitantes. Ninguno de los 22 implicados renunció a la posesión, algo que advirtieron los técnicos en la anterior. Los dos cuadros hallaron espacios a la contra, si bien hubo escasas acciones visibles antes de llegar al ecuador.
La primera fue de Echeverri, que arrastró pesadillas en el uno a uno contra Leo Román. Solo y sin presencia de defensores, el argentino se encontró con la presencia del arquero que salvó a los suyos. Quien asimismo se ocupó de eludir pésimos mayores fue Vitor Reis bajo palos al remate de Muriqi, pero el paso de los minutos dio mucho más minutos a los de Demichelis, hasta localizar recompensa.
Fue Mojica quien, coincidiendo con los cantos de su ex afición, aprovechó para poner un centro especial a Samú Costa, que remató a exitación en un desajuste impropio de los de Míchel en defensa (43’). Montilivi enmudeció y esa sensación se prolongó hasta iniciar el segundo tiempo.
La segunda parte no dejó sitio a discusión en lo que se refiere a dominio. El Girona fue claro y único dominador del juego, apostando por la intención que siempre y en todo momento ha pedido el técnico vallecano en las previas. Montilivi, que captó de primeras la señal, apretó a la altura de la necesidad que mostró el aparato. Al Mallorca le tocó ponerse, más que nunca , el mono de trabajo.
Y llegaron las acciones, el poste de Ounahi, la madera en el disparo de Joel Roca y el testarazo de Witsel. Los catalanes se acercaron pero no acabaron de encontrar el punto de suerte que procuraban. El público pidió a gritos la entrada de Stuani y el deseo se realizó situación a veinte para el final. Aunque la substitución señalada llegó por padre del cuadro mallorquinista, con la lesión de Jan Virgili –precisamente quien entró al reposo –.

