Cabizbajos y con los ánimos por los suelos subieron los jugadores del Girona al autobús para volver a casa. Lo hicieron con las manos vacías de puntos, pero con las maletas cargadas de inquietudes y fantasmas después de perder contra el Valencia en un partido trascendental en la pelea por escapar del riesgo. Había bastante , muchísimo en juego para no complicarse la vida y afrontar con tranquilidad el final de temporada.
Y los players del Girona no lo entendieron , por el hecho de que tiraron una hora de juego en Mestalla frente a un contrincante directo. Ramazani y Sadiq, con 2 tantos en nueve minutos nada más iniciar la segunda parte, pusieron un 2-0 en el marcador que lo dejaba complicadísimo. Roca recortó distancias y el Girona despertó, pero no fue bastante para socorrer ni siquiera un punto. Ni Stuani, el héroe frecuente en estas ocasiones , ha podido evitar la derrota. Y eso que tuvo un par en el añadido, pero entre Dimitrievski y la defensa evitaron el milagro.
La victoria del Alavés en el momento de comer había añadido trascendencia al partido, mientras que comprimía la clasificación por abajo y convertía el final de temporada en entretenido , emocionante o peligroso. El Girona tenía la misión de aislarse de ello e intentar llevar a cabo su partido en Mestalla contra un contrincante directo, muy angustiado, para seguir acercándose al objetivo de la permanencia. Para intentar no salir con las manos vacías, Míchel se decantó por Lemar para ocupar la mediapunta y postergar a Iván Martín al pivote, en el sitio de un Fran Beltrán con inconvenientes físicos. En punta de ataque, Echeverri fue de nuevo el elegido.
Tener la pelota era previsible y, en cierta manera , sencillo ante un Valencia que, bien puesto atrás, tenía la promesa de publicar a Sadiq y Ramazani para aprovechar su agilidad en las transiciones. El reto era convertir la posesión en peligro , algo que no se hizo contra el Betis. Tampoco lo haría de entrada un Girona muy impreciso, que veía de qué forma el Valencia de a poco le hacía retroceder y producía peligro. Bastante. Sobre todo desde pérdidas no forzadas de los gerundenses, como una de Blind frente Ramazani que estuvo a puntito de terminar con gol de Sadiq. Aún más cerca estuvo Beltrán al rematar al palo un centro de Javi Guerra desde la derecha.
El Girona no había entrado bien al partido. O lo había hecho con una marcha y media menos que un Valencia considerablemente más belicoso , que patentizaba la necesidad de ganar en todos y cada balón dividido y en todos y cada desafío. Todos eran para los locales frente a unos jugadores del Girona demasiado blandos, que veían cómo , con tres pases, el riesgo —o la existencia de players locales— llegaba al área. En ataque, nada. Nada de nada en una sección primera donde el primer remate rojiblanco llegó en el añadido, con apariencia de lanzamiento directo de falta de Echeverri, que salió lamiendo el palo.
El guion no cambiaría en la reanudación. Al revés , empeoraba solamente empezar , porque el Valencia hallaría el premio a su insistencia y castigaría al Girona cuando Ramazani, veloz como una bala, se plantó dentro del área y, después de un óptimo recorte a Vitor Reis, batió a Gazzaniga. En este momento sí que el partido se ponía cuesta arriba y el Girona estaba obligado a sacar el carácter, el genio o lo que fuera para intentar igualarlo. Tampoco sería la situacion , por el hecho de que los de Míchel encajarían el segundo sin tiempo para digerir el primero. Sería Sadiq, que remataría a exitación un centro de Gayà para hacer un 2-0 que parecía irremontable.
Míchel sacudió al equipo con un triple cambio —Roca, Bryan Gil y Francés por Echeverri, Àlex Moreno y Lemar— en pos de mucho más profundidad. El proyecto funcionó enseguida, por el hecho de que en la primera jugada tras el cambio Roca remató en el fondo de la red un centro de Francés.
El Girona tenía media hora para encontrar el empate. Míchel asimismo dio entrada a Stuani y Rincón, refrescando al grupo y añadiendo la amenaza, siempre presente, del uruguayo. Tocaba, eso sí, hacerle llegar balones. Mientras que el Girona lo intentaba y el árbitro disculpaba la roja a Gayà por una entrada a Bryan Gil, los minutos volaban. Y el gol no llegaba. Ni llegaría. Stuani la tuvo ya en el añadido, pero vio de qué manera Dimitrievski sacaba una mano milagrosa para evitar el empate. Nada. Va a tocar padecer y comprender llevarlo a cabo. El viernes contra el Mallorca será una final.

